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tres meses, pequeña como un suspiro, leve como
un instante y frágil como un adiós, Lalu
nacía en las calles de Varanasi. Hace dos, se
cruzó en nuestro camino. Y hace uno, su historia
se convirtió en ganas. Las ganas de plantar todo
un jardín de estrellas que no sean ni fugaces
ni efímeras.
La incipiente vida de Lalu nos conmovió hasta
tal punto que no podría dejarse marchar arruinada
por el tiempo y la comodidad de nuestras vidas. Mucho
menos, cuando se hace general y existen tantas historias
similares como niños habitan las desgastadas
pero luminosas calles de India.
Ella nos abrió a nosotras los ojos para que nos
cupiera tanta belleza en la miseria; y ahora es nuestro
turno de abrirle las manos y llenárselas de sueños
a ella. A ella y a tantas flores nacidas entre los escombros
para que como las nuestras, tengan una infancia digna,
en la que las escuelas sean un refugio de esperanza,
y la paz, la ilusión y la magia las vean crecer
cosiéndoles con sonrisas su indumentaria.
2 de Enero de 2007
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